Siempre he dicho que Política y Economía son dos materias que van a la par. Pegadas cual hermanas siamesas. El analista que se pliega sólo al examen de una de ellas, refleja un estudio incompleto del objeto a examinar. Y el tema que hoy traigo a su consideración tiene que ver con el financiamiento de programas de desarrollo social, educativo, laboral, y de seguridad que de pronto surgen en la intención presidencial y se aplicarán en Ciudad Juárez como parte del proyecto de “Reconstrucción” del tejido social de esta región fronteriza. Pero más que darle a conocer cifras, me preocupa que en la operatividad, los recursos queden volando, merced a la habilidad que tienen los técnicos financieros y políticos, para escamotear los fondos públicos.
Un ingenuo se pregunta siempre: “¿Será posible que un día podamos terminar con la pobreza?” Y la respuesta es NO. La pobreza es un elemento imprescindible para la supervivencia del político, quien medra con la necesidad de la gente y mantiene al populacho en suspenso, con la esperanza de que un día le podrían resolver sus problemas existenciales. De tal manera que si se acaba la pobreza, se acaban los clientes para el político.
En Ciudad Juárez, de manera inusitada, los tres niveles de gobierno concuerdan en una idea generosa: “Reconstruir a Juárez”. La palabra es contundente. Sugiere que Juárez ha sido destruida, devastada. Y ante la debacle, el servidor público hace acto de presencia para salvar de las ruinas a un pueblo que durante años pidió ayuda y lo único que recibió fue la displicencia política.
En la desesperanza, y ante el riesgo de una revuelta social de dimensiones preocupantes, el presidente Calderón, y el gobernador de Chihuahua, José Reyes Baeza, luego de darse de golpes por debajo de la mesa, coinciden amigablemente en restaurar la paz en la frontera iniciando con el despliegue de programas sociales para Ciudad Juárez financiados por la federación. Pero… aquí viene el meollo del asunto.
Pero… existe el temor de que al momento de aterrizar financieramente la ayuda social, se fracture la intención política merced al cúmulo de requisitos que exige la burocracia mexicana para liberar los recursos. Tan cierto es, que el propio gobernador Reyes Baeza, en la mesa de economía y del trabajo a la que acudieron los secretarios de estos ministerios nacionales, pide “… flexibilizar el marco legal para que la ayuda llegue rápidamente a Juárez” (sic)
Robert Green en su libro “Las 48 leyes del Poder”, recomienda a los políticos en su ley N°27 jugar con la necesidad de la gente y procurar mantener la esperanza de los individuos, para así, obtener incondicionales en sus propósitos de poder. Y no es que el autor sea un desgraciado que odie a la humanidad, es un analista que al descubrir el metabolismo del poder, aplica sugerencias al profesional para que obtenga o se mantenga en el poder.
Por eso la ingenuidad y la esperanza sólo son valores que se diluyen ante la fuerza de la naturaleza del poder. El político sabe que la gente tiene una necesidad irrefrenable de creer en algo. (En el caso de Ciudad Juárez, que un día habrá paz y recobraremos el desarrollo económico perdido) Así que los políticos toman la plaza porque necesitan convertirse en el centro focalizador de esa necesidad ofreciéndose como instrumento de solución. Aplicando una formula muy simple: exponer en términos vagos el interés público y aderezar el discurso pletórico de promesas. Pero al mismo tiempo, establecer un compromiso muto, en el cual, quien recibirá el beneficio habrá de responder con un sacrificio mayor, como si no hubiera sido suficiente.
El político mexicano de carrera es especialista en la prestidigitación financiera. El uso del recurso como gancho para la edificación de convicciones a su servicio.
Nos leemos en la próxima. Mi correo es cjfinanzas@gmail.com por si usted quisiera escribirme.